La cita el 2 de octubre, Wizink Center, cuando el público mira al escenario no ve un solo hueco libre, una grandísima zona dedicada al coro, múltiples sillas en la zona central del escenario y en el tercio restante otra zona para una banda, todo está dispuesto para que Mónica reciba a su público con lo mejor de sí misma y, el espectáculo empieza desde el primer minuto, sale ella, la artista, únicamente cubierta con una bata blanca para decir “os he echado de menos” y como si se dirigiera a cada uno de ellos personalmente, dado el silencio que se hizo, les explicó que este concierto estaba verdaderamente pensado para ellos, su público y ya relajando un poco ese ambiente de tanta expectativa les aclaró con su desparpajo que “nada de quejarse luego del repertorio”, e igual que entró salió del escenario  con su sencilla bata blanca.

 

Y comienza el espectáculo y nunca mejor dicho porque fue un auténtico espectáculo, empiezan a salir músicos de rock, una banda sinfónica y un coro, según podíamos contar había sobre el escenario unas sesenta personas. Y el director de orquesta, Pepe Herrero, su mano derecha y al que dirigió unas preciosas palabras de cariño y agradecimiento, y que supo llevar con su gran hacer a todos esos profesionales a fusionarse y lograr que el concierto fuera por el camino que Mónica, la diva, quería que fuese al máximo de su potencial.

 

Y salió ella y dio todo y más, porque hay que tener valor para saber enfrentar a un Wizink Center a rebosar y que su voz subiera por encima de un coro, una orquesta y una banda, lo demostró, sus cuerdas vocales eficaces, su temperamento acorde con cada tema ya sea más pop, balada o el rock más cañero, desde el pasado al presente fuer recordando por cada uno de ellos intercalando con diversas imágenes en la gran pantalla, el recuerdo a su querido hermano y sus incontables cambios de vestuario.

 

Llegó, arrasó y salió con el éxito a sus espaldas, su público fiel, emocionado por haber recibido de nuevo a su diva porque la pantera ha resurgido.